Lo que nos daña no es la derrota, sino la actitud mental que tomamos hacia ella

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Si a un hombre común y corriente le enumeran primero sus nueve cualidades, pero al final le señalan un defecto, éste será el que siempre recuerde. Esta reacción exagerada, que los psicólogos la llaman “tendencia a la negatividad”, ayudó a sobrevivir al hombre primitivo.

El cerebro evolucionó para focalizarse en lo adverso. Este transcendente hecho dio como resultado que el 83 por ciento de las personas tengan una actitud negativa ante la vida y que de cada quince pensamientos, catorce sean negativos. En contraparte, tenemos que el 88 por ciento del éxito en la vida se debe a una actitud positiva y propositiva (ser congruente con el ser y pensar).

Ningún ser humano nace con esa actitud negativa, este es un comportamiento aprendido o socialmente condicionado por el medio. Todos los días programamos nuestra mente para el éxito o para el fracaso. Por ello: rechaza la duda, resístete a aceptar la ansiedad, la prisa y el miedo. Todo lo que sabes y todo lo que haces reside en ti.

Lo que más importa de todo es la actitud que tomemos hacia el sufrimiento. Podemos cambiar de vida si cambiamos de actitud, pues lo último que podemos controlar cuando se nos ha arrebatado todo lo demás, es nuestra actitud.

Mantente siempre con una disposición positiva; pase lo que pase, evita todo pensamiento o emoción negativa. Esta resolución es de suma importancia, pues por su actitud un pesimista cree que nada puede salir bien, con lo cual fabrica su modelo para el futuro. Por el contrario, el optimista cree que las situaciones positivas han de prevalecer y también ese es su modelo de futuro. Cuando el pesimista se choque con la buena suerte o el optimista vea resultados menos que óptimos, ambos preferirán sus modelos en lugar de la realidad.

Nunca olvides que la felicidad es una actitud que sale de tu interior. Es una creencia interna que aportamos a todas nuestras relaciones y actos, sin esperar que nos traigan los demás, ni pretender recibirla de nuestros triunfos y adquisiciones.

Al respecto recordemos las palabras del gran Benjamin Franklin: “La felicidad depende más de la disposición interna de la mente que de las circunstancias externas”.

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